La oración diaria comienza con el deseo y con compromisos pequeños y concretos. La tradición anima a seguir una regla de mañana y de noche basada en las oraciones del Trisagio, el Credo y salmos breves. Al formar un hábito, la constancia importa más que la duración.
Elige un lugar tranquilo con iconos y una vela que señale este tiempo sagrado. Permanece de pie si puedes, haz la señal de la cruz con atención y pronuncia las palabras en voz alta para implicar la mente y el corazón. Si te distraes, vuelve serenamente al texto, sin condenarte.
Incorpora la Oración de Jesús entre tareas o durante los desplazamientos. Una breve regla de tres minutos por la mañana y cinco por la noche, rezada fielmente, da más fruto que planes ambiciosos abandonados al cabo de una semana.
Añade la Escritura en pequeñas dosis: un salmo por la noche, el Evangelio del día durante el desayuno o un tropario del santo del día. Deja que el ritmo del año litúrgico dé forma al contenido de tus oraciones.
Athon ofrece reglas de oración preparadas y revisadas por el clero, guías de audio para principiantes y sugerencias vinculadas al calendario, para que la oración acompañe las fiestas y los ayunos. Con el tiempo, estos hábitos arraigan el alma en la presencia de Dios.