La Gran Cuaresma es la peregrinación de cuarenta días de la Iglesia hacia la alegría de la Pascua. Comienza con las Vísperas del Perdón, que invitan a los fieles a emprender el camino libres de rencores. Este tiempo no es un castigo, sino una invitación a volver a la casa del Padre.
Oficios como el Gran Canon de San Andrés, la Liturgia de los Dones Presantificados y el Acatisto a la Madre de Dios forman el corazón mediante la poesía y las postraciones. Recuerdan a los fieles que la salvación es sanación a través del arrepentimiento y la comunión.
Cada domingo ofrece un tema: el triunfo de la Ortodoxia sobre la herejía, la enseñanza de San Gregorio Palamás sobre la oración, la Cruz como aliento a mitad de la Cuaresma, la escala de ascenso de San Juan Clímaco y la historia de arrepentimiento de Santa María de Egipto. Estos hitos orientan a los peregrinos cansados.
La Gran Cuaresma también reordena la vida cotidiana. Las familias simplifican las comidas, aumentan la caridad y cuidan su consumo de medios. Los catecúmenos avanzan hacia el bautismo y las parroquias profundizan sus vínculos mediante los oficios compartidos y las iniciativas de limosna.
El modo de camino cuaresmal de Athon ofrece las lecturas del día, orientaciones para el ayuno y breves explicaciones de los himnos. Así, incluso los fieles con poco tiempo pueden vivir este período con comprensión y propósito.